23 de septiembre de 2026

El fuerte mensaje de García Cuerva: “Nuestra gente está haciendo un esfuerzo muy grande, no podemos hacernos los tontos”

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Ante la mirada de Javier Milei en la Catedral durante el Tedeum, el monseñor criticó la corrupción, el narcotráfico y los aumentos de sueldos de la política.

«Quiere ser un aporte a la luz de la palabra de Dios para la reflexión de todos los actores de la Argentina, convencido de que entre otros convertimos la patria, más allá de saber de que puedan ser tomadas algunas frases aisladas para alimentar la fragmentación», advirtió García Cuerva.

En la homilía, afirmó: «El Tedeum es también el canto obstinado de aquellos que no quieren dejar morir la esperanza. Estamos invitados a probar la fuerza subversiva de la gratitud, que no se sustenta en la violencia ni desprestigio del otro, que no construye en base a la denigración, ni a la manipulación, sino que es capaz de despertar la fuerza de la solidaridad como forma de construir la historia».

«Parecemos tener las manos paralizadas para el encuentro que construye fraternidad, para abrazar a los heridos por la soledad y la tristeza, para ser solidarios con los que menos tienen. Y también le pedimos a Dios que nos preserve de las manos manchadas por el narcotráfico, las manos sucias de la corrupción y la coima, de las manos en el bolsillo del egoísmo y la indiferencia», remarcó el arzobispo ante la mirada de Milei y todo su gabinete.

«Hay parálisis que no se pueden procrastinar, su postergación en nombre de un futuro prometedor generarían consecuencias nefastas por irreversibles en la vida de las personas y de la sociedad. Un precio muy alto a pagar que no nos podemos permitir, la malnutrición en la primera infancia, la falta de escolarización y accesibilidad a los servicios de salud, los ancianos y jubilados incapaces de sostenerse diariamente con un mínimo de dignidad, son algunos de esos ejemplos impostergables», aseguró García

En la homilía, afirmó: «El Tedeum es también el canto obstinado de aquellos que no quieren dejar morir la esperanza. Estamos invitados a probar la fuerza subversiva de la gratitud, que no se sustenta en la violencia ni desprestigio del otro, que no construye en base a la denigración, ni a la manipulación, sino que es capaz de despertar la fuerza de la solidaridad como forma de construir la historia».

«Parecemos tener las manos paralizadas para el encuentro que construye fraternidad, para abrazar a los heridos por la soledad y la tristeza, para ser solidarios con los que menos tienen. Y también le pedimos a Dios que nos preserve de las manos manchadas por el narcotráfico, las manos sucias de la corrupción y la coima, de las manos en el bolsillo del egoísmo y la indiferencia», remarcó el arzobispo ante la mirada de Milei y todo su gabinete

Cuerva.